lunes, 12 de mayo de 2014

En Orbita


Fuera del aire, el aire
amantes sin aliento

en órbita celestial

Ajena a…


Se concibe otra forma de querer
ajena a la locura?
Se quiere con la piel hecha jirones
cuando el atardecer, en su último aliento,
descansa en el abrazo del amante
Se quiere con la furia de la tormenta
que todo lo confunde y lo transforma
en un vértigo inaguantable.
Hasta en el noble acto de dar vida a un poema, se quiere
y se olvida el propósito
cayendo en el éxtasis de querer
para que toda voz termine volando lejos
sin límites ni coordenadas,

perdidas en un místico silencio.

Naufragio


Todo aquello forjado en la intrascendencia
no tiene otro destino que desaparecer
así como el vocablo ficticio, el papel
lo que rebota en las paredes
para luego saltar por la ventana
caer de bruces en alguna acequia
para navegar sin destino y perderse en el mar.
Algo así parecido sucede con la errada nostalgia
que naufraga en un mar

de profundidades mezquinas.

Ligero


Tienes la risa de colibrí,
sin embargo, la mía es como la uña de un gato.
Tu piel es de la aurora,
mi piel la de un lagarto en un suelo empedrado
Y así te quiero pajarito vertiginoso,
te quiero de una forma tan extraña
que no se nota
Reclamas, me enterneces.
Entonces voy y ahueco el pecho,
limpio tu nido, amarro tus zapatos.
Mientras te observo, Colibrí, volar
atropelladamente, con la camisa afuera

y la risa mojada… algo tan propio de ti.

Nuestro Sueño

Capaz que los dos seamos
distintas partes de un mismo sueño
y esa es la única razón
por la que no nos empeñamos
en darle un nombre
a la forma tan extraña de revelarnos.
Te pienso a ratos, cuando se me cruzan ideas oscuras,
tan llenas de humedad
que me es inevitable el aleteo
de musas pervertidas sobre mis versos.
Es como un devaneo que sólo tú y yo entendemos,
al fin de cuentas qué importancia tiene lo que suceda
a nuestro alrededor
y eso es lo maravilloso de soñar:
el único lugar en donde podemos

desafiar a la inexorable realidad.

Mascarón de Proa


Nunca le dí importancia a un sol a medias.
Prefería entender a la lluvia y a su intermitencia,
Recuerdo a esas primeras gotas
que coronaban a sirenas y tritones
tallados por las manos de seres milenarios.
Sí. Me entendía con la lluvia arrebatada
esa que reventaba contra la cubierta
haciendo de los miedos la desembocadura
en donde la tristeza perdía el sabor a fracaso.
En ese entonces era dueña de la ambición
hasta que el sol brilló como un disparo
y fragmentó mi pecho descubierto.
Me has hecho naufraga del abismo,
me has convertido en un caleidoscopio
de formas y matices del ahora.
Mujer inmóvil, fuego del olvido
me resigno a que
resbalen por mi talle las miradas curiosas
y los verbos nutridos por la sal y por el viento.

sábado, 10 de septiembre de 2011

Así



Ni bruta ni devota
arrebatada sí
envuelta en llamas
Opaca entre las nubes
sorda frente al silencio
cada vez más lejana.
Yo soy la obscura,
la insana, la maldita.
La hembra lujuriosa
La que se nutre de tus antojos