lunes, 12 de mayo de 2014

Sueños Crepusculares


Huyendo abandoné
la casa de mi padre.
Huyendo de la fermentada copa
del caldo de cultivo.
Atrás dejé, trinando, a los gorriones

sobre el tejado de la tierna infancia.

Lluvia


No para de llover. Los días, cuervos
graznando al desespero. Y el paisaje,
niño de ojos tristes al sereno.

Sobrada oscuridad, nostalgia ciega

Arañas



Adoro aquellos días luminosos
en donde las arañas tejen sus versos,
trepando las paredes,
con un tenue ruidito de fogata.
¡Adoro los detalles que sorprenden!
como la delicada huella
que dejan las arañas
que ni tiempo ni espacio

intentan sofocar.

Arce Japonés


Un árbol despeinado por el viento
cuyas hojas se aferran al verano
y el nítido recuerdo de aquel día
cuando, con ojos largos, su historia
pediste que narrara.
Hacía un frío de barranco
que agrandaba la noche entre nosotros
y yo con mi habitual torpeza
no supe que decir.
Plantaste una raíz entre mis hombros
y no fue necesario despeinar un poema
de hojas amarillas,
sólo el bálsamo del silencio

pudo poetizar.

Tu Camisa


De a poco,
lentamente, tu camisa
toma del aire su tonalidad
y es cosa de costumbre
un día somos caravana
y al otro trasparencia

pura y elemental.

En Orbita


Fuera del aire, el aire
amantes sin aliento

en órbita celestial

Ajena a…


Se concibe otra forma de querer
ajena a la locura?
Se quiere con la piel hecha jirones
cuando el atardecer, en su último aliento,
descansa en el abrazo del amante
Se quiere con la furia de la tormenta
que todo lo confunde y lo transforma
en un vértigo inaguantable.
Hasta en el noble acto de dar vida a un poema, se quiere
y se olvida el propósito
cayendo en el éxtasis de querer
para que toda voz termine volando lejos
sin límites ni coordenadas,

perdidas en un místico silencio.